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Cesárea, la otra forma de parir

1. intr. Dicho de una hembra de cualquier especie vivípara: Expeler en tiempo oportuno el feto que tenía concebido. U. t. c. tr.

En los cursos psicoprofilácticos siempre nos dicen que parir es el acto de expulsar a tu bebé vaginalmente. Una cesárea nunca es considerada como un parto, excepto para las que dimos vida de esta forma.

Después de mi cesárea sé que también se puede parir por medio de un bisturí y una cortada en el vientre.

Durante 9 meses me preparé para tener un bello parto natural y vaginal. No quise utilizar ningún tipo de medicamentos para disminuir el dolor, no quise acostarme en una cama para pasar las contracciones. Me preparé para vivir un hermoso parto acuático, lleno de velas, aromaterapia, haciendo basculaciones y ejercicios para hacer llevaderas las contracciones. Estaba preparada para un bello parto vaginal, como los que vemos en las fotos de partos que circulan por internet.

Para lo único que no estaba preparada era para terminar mi embarazo con una cesárea… con un corte en el vientre y que un doctor sacara a mi bebé del modo más medicalizado posible.

Nunca estuve preparada para el peor escenario en el nacimiento de mi bebé y cuando este llegó, mi mundo se vino abajo y tuve que tomar una decisión junto con mi esposo, la decisión más fuerte y difícil que he tomado. Pude haber seguido en trabajo de parto tres, cuatro, diez, doce horas hasta que alcanzara la dilatación necesaria y entrara a la etapa del expulsivo. Pude haberlo hecho, y también pude poner en riesgo la vida de mi bebé. Tomé la decisión correcta pero a la vez la más difícil. Tomé la decisión de acostarme y dejarme poner la epidural para que me  realizaran una cesárea.

Hoy ya no juzgo a las mujeres que tuvieron una cesárea, hoy comprendo lo difícil que es un nacimiento así. No solo por lo doloroso de la intervención quirúrgica, la recuperación, las incomodidades, los cuidados… porque lo físico pasa y lo superamos. Las heridas emocionales son las peores. Tuve tantos pensamientos en la cabeza que durante dos semanas me deprimieron; el no poder haber tenido el parto vaginal que tanto deseaba, el no poder dilatar lo suficiente, el no poder tener a mi bebé del modo más natural posible, el no ser esa mamífera que pare sola y sin ayuda, el no sentir que mi cuerpo estaba hecho para parir.

Parí a mi bebé en un quirófano lleno de doctores entregados a su trabajo, con tanta alegría y risas. Mi doctor trató mi cuerpo y a mi con tanto cuidado. Mi anestesiólogo cuidó que la anestesia fuera la correcta. La pediatra cuidaba a mi bebé. Los enfermeros cuidaban el lugar. Mi doula me cuidaba a mi. Y mi esposo a mi corazón y alma. Parí en un quirófano de manera humanizada, todos felices por la llegada de mi bebé, felices porque después de 18 horas de trabajo de parto y de haber hecho lo imposible, mi bebé nació. Parí en un quirófano con alegría y miedo. Con dudas y certezas. Con lágrimas y sonrisas.

Aceptar el parto que tuvimos y que no fue como imaginamos es difícil, dejar ir y cerrar la herida es aún más difícil.

Durante 9 meses me preparé para el parto que no tuve. Lo que sí tuve fue un parto lleno de retos, de abrazos, de fuerza, de lágrimas derramadas, de amor, de canciones cantadas, de besos. Tuve el parto que jamás me imaginé y que hoy estoy preparada para comenzar a aceptar con amor; con amor a la herida, con amor a los puntos, con amor al bisturí y la anestesia que permitió que mi bebé llegara al mundo.

Hoy sé parir es más que una expulsión vaginal del feto. Parir es la fuerza con la que damos vida. Parir es estar tumbada en una cama con la piel abierta y los órganos al descubierto. Parir es pujar y expulsar a nuestro bebé. Parir es dejar que el parto tome su ritmo. Parir es cada una de las contracciones con las que nuestro útero comienza a abrirse. Parir es encontrar fuerza a través del dolor. Parir es aceptar el parto que tuvimos. Parir es dar vida, sin importar cómo.

Hoy a 14 días del nacimiento de mi bebé agradezco haberlo tenido de este modo. Agradezco haber tomado la decisión de ayudarlo a nacer y no afectar su salud. Agradezco haber puesto en un pedestal más alto su salud que mi ego y mi deseo egoísta de tener un parto vaginal, porque la cesárea es otra forma de parir.

Hoy ya no juzgo las cesáreas, porque también se puede parir por medio de un bisturí y una cortada en el vientre.

Hoy ya no juzgo las cesáreas, porque es otra forma de parir.

Hoy ya no juzgo a las cesáreas, hoy me hago amiga de la herida y la ayudo a cerrar.

Foto Cesárea en Shutterstock
Cesárea, la otra forma de parir
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2 pensamientos en “Cesárea, la otra forma de parir

  • marzo 22, 2017 a las 8:54 am
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    Tú lo superaste porque al fin y al cabo decidiste tú y estabas rodeada de cariño y lo que es más importante, con tu marido y con tu bebé. Yo, 9 meses después, me sigo sintiendo desgraciada. Sola, rajada, con la tripa vacía. Ese es el parto tan maravilloso que “eligió” mi bebé. Vamos, la cesárea a la que me llevaron por una consecuencia de malas prácticas debidas a un protocolo… Que lo de que el bebé lo eligió es muy romántico, pero no cuadra.
    Mi bebé es perfecto, lo que teníamos su padre y yo era perfecto, pero todo está defectuoso e incompleto desde que llegó al mundo. Odio la cesárea y odio la cicatriz, precisamente porque por ahí salió mi hijo y por más que lo intento no sé ni cómo amarlas ni cómo bendecirlas, porque el nacimiento de mi hijo fue decepcionante, triste, aséptico, frío y gris.

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    • marzo 22, 2017 a las 12:27 pm
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      Lara, definitivamente honro y valoro tu dolor. Poco tiempo después de escribir eso entré en una depresión a causa de mi cesárea. Sí, fue bonita. Sí, yo la terminé decidiendo. Sí, humanizada y respetada, pero yo no la quería, yo no la busqué y hoy, casi a un año de ella, aún me duele. He ido aprendiendo a darle un nuevo significado, a renacer de mis propias cenizas y heridas, porque ninguna herida es más grande que yo puesto ella está en mi. No es fácil, aún me cuesta trabajo verla y aceptarla, quererla o agradecerle. Es un camino largo de recorrer hasta sanarla y sanarnos a nosotras mismas. Lamento tu sentir, más no lo minimizo. Es completamente válido y comprensible. Lara, con todo mi amor, te invito a que sigas a Florecer desde la cicatriz, un proyecto de unas amigas doulas en el que todas las que estamos pasamos por una cesárea, unas necesarias, otras no, unas programadas, otras no, pero todas sufridas, lloradas, renegadas. Si te parece, mándame un mensaje privado por facebook y te puedo agregamos al grupo de WhatsApp. Es reconfortante y sanador estar al lado de más mujeres que han pasado por lo mismo, donde no somos juzgadas ni atacadas por llorarle a una cesárea. Ánimo, eres más fuerte que esa herida. Te abrazo y te honro.

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