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"¡Voy a ser papá!"… lo que aprendí después del pánico

Te confieso, cuando Van me pidió hacer un post para su blog la decisión fue sencilla… ¿Escribir en un blog de crianza y maternidad, para una audiencia femenina, sobre cosas que son 100% nuevas para mí?… ¡venga!… he hecho cosas peores.

Mi pensamiento matemático me sugirió que buscará un algoritmo para lograrlo: investigar, clasificar, eligir un tema, escribir y publicar. ¡Fácil! ¿No?

¡Manos a la obra!

Después de 30 minutos de darle con todo al Google tenía una montaña de cosas que clasifiqué como “Los 10 consejos de un padre en el embarazo”, “Los 9 consejos de un padre en el embarazo”, “Los 8 consejos…”, así hasta “Lo que no debe hacer un padre durante el embarazo”, que supongo que es como decir “El único consejo de un padre…”. Ahí acabó mi algoritmo.

No pude continuar. Me parecía absurdo dar consejos. Así que abandoné el proyecto.

Dos meses después me animé a decirle a Van que sí, que sí iba a escribir un post para su blog. Pero en lugar de escribir “consejos” sobre ser padre o de cómo debe tratarte tu esposo para que puedas correr con él y ponerle la pantalla en la nariz y decirle “mira, ¡el blog lo dice!”, solo quiero compartir contigo lo que considero me ha sido útil a lo largo de todo este proceso y una que otra cosita que me entusiasme esperando te entusiasme también a ti, o a tu esposo.

Comencemos…

¡Voy a ser papá!

Después del pánico inicial, me puse a investigar sobre el parto.

En la primera conferencia de Parto Humanizado a la que fuimos, el Dr. Sergio Velasco listaba los casos de cesáreas comúnmente mal indicadas: “si el médico ve que la mujer ya lleva cierto tiempo de parto y no hay la dilatación que le dicen las curvas de Friedman, pues cesárea”, “si la mujer tiene más de cierta edad, cesárea”, “si la mujer mide menos de tanto, cesárea”, “si el feto dice que sufre, cesárea”. Algo así…

¡Hay Cesárea!

La industrialización nos trajo un montón de cosas, entre ellas, la idea de que todo podía ser generalizado y producido en serie. Lo cual incluyó, por supuesto, los partos.

Toda mujer es única

La ironía es que necesito una generalización para realizar esta afirmación, por eso, ya encarrerado, hago la siguiente: todo parto es único.

Generalizar la naturaleza con reglas simplistas, en mi opinión, nos ha llevado a muchas complicaciones. La naturaleza es compleja, más compleja que lo que la ciencia entiende. Como dijo Víctor Hugo

“La ciencia es la asíntota de la verdad.”

O sea, siempre nos acercaremos más, pero nunca vamos a llegar.

Aprendí a conocer a Van en una etapa en que la pareja no era lo más importante, a respetar sus deseos, a que cambiara 2 veces de ginecólogo hasta elegir al buenazo del Dr. Velasco. A no presionarla “porque mi mamá dice” o porque alguien más lo dice. A disfrutar el parto no con reglas, sino con ciertos principios básicos.

Queríamos que todo fuera lo más natural posible, con apego, con las reglas kabbalistas y con mucho amor. Tomar decisiones con esos principios de base, no nos fue tan complicado.

Hay una regla que escribe Simon Sinek en su libro Start with why. La llama la prueba del apio.

En pocas palabras es algo así: Imagina que tu objetivo es alimentarte y para ello vas a ir al supermercado a comprar alimentos. La gente te dará consejos como “come carne, come huevos, come leche, come apio, toma coca-cola, toma leche de arroz, etc.”. Estarías muy confundida. Ahora, imagina que tus principios incluyen nutrirte lo más natural y sano posible. En ese caso la decisión es sencilla. Compras el apio y la leche de arroz.

Seguro lo expliqué fatal, pero espero que te hayas quedado con la idea.

Durante el proceso del embarazo tuvimos que hacer muchas pruebas del apio. Fue muy satisfactorio el poder elegir algo que los dos queríamos, sin riñas y sin ser influenciados por los demás, como, por ejemplo: no querer saber el sexo del bebé sino hasta el mero día del nacimiento. Fue difícil, hubo mucha presión social, nos dio mucha tentación… Pero ese momento de verlo salir, buscar y decir “¡es niño!”, lo valió 100%.

Una madre es un héroe

Crear vida es un milagro, es un proceso tan complejo y tan mágico que al ver a una mujer cambiar su cuerpo, su mente y su espíritu para formarle un cuerpo a un nuevo ser, no puede ser más que un acto heróico. No tengo más que adjuntar. Los hombres no tenemos ese superpoder.

Ahora, que si hubiese podido elegir tener un súper poder durante el embarazo, elegiría leer mentes sin dudarlo un segundo.

¿Has visto los X-Men? A mí me encantan. Y digamos que durante el embarazo no hubiera elegido las garras de Wolverine por más cool que éstas fueran, ni manejar el metal, ni nada… leer mentes, ¡eso! Bueno, con leer una sola mente me hubiera conformado, la de Van. Porque cuando me miraba, muchas veces no sabía si quería que me acercara, que me alejara, que corriera a la tienda por helado y chilaquiles, si quería agua, si no quería agua, si quería que la besara… seguro sólo quería que le leyera la mente.

Comunicación, paciencia y disculparse un par de veces. Eso sirvió.

Un soporte

El cuerpo y el espíritu de Van estaban dando todo lo que un cuerpo y un espíritu pueden dar. Su mente… cambiaba. Su mente se preparaba a activar todos esos sensores y alertas que hacen a las mamás candidatas de estar con los X-Men (¿ya te dije que me encantan?).

A mí me dieron antojos, engordé, mi espíritu se revolvía entre miedos, angustias, esperanza y felicidad. Lo que no debía dejar es que mi mente cayera. Tenía que estar con los sentidos y la capacidad de decisión bien puestos. El embarazo lo vivimos solos. Había que completar la triada entre los dos. Nuestra pareja necesitaba esos tres pies para poder ser tres: mente, cuerpo y espíritu.

Hay veces en los que me sentía inútil, un estorbo porque no podía hacer nada, aunque nada se me pidiera. Ahí mejor me retiraba a meditar o a leer. A cuidar de mi, para poder estar bien cuando sí se me necesitara, que fueron muchas veces y algunas muy complejas. Fui un soporte psicológico y logístico.

Cambiamos nuestro estilo de vida

No más series en Netflix sino documentales de bebés. Cambiar la Men’s Health por el Bebemundo. Aprender otro tipo de canciones en el Ukulele. Disciplinarse en horarios. Disfrutar juntos los momentos de ilusión de la llegada de ese nuevo ser. Pensar en estar bien para que el bebé esté bien. Por primera vez saber lo que es dar sin esperar nada a cambio. Como diría Juan Gabriel, ya no vivo por vivir.

El amor… Eso sirvió.

Foto Esposos embarazados en Shutterstock
"¡Voy a ser papá!"… lo que aprendí después del pánico
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