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Los niños no pueden calmarse solos

El miércoles pasado en el segundo piso del periférico en la Cd de México, un auto circulaba muy lentamente en el carril de la derecha. Yo iba detrás de él. Me decidí a rebasarlo. Vi que nadie estaba por rebasarme, que el carril de la izquierda estaba libre y que mi límite de velocidad me lo permitía. Puse mi direccional y comencé a rebasar.


En ese mismo momento, un automóvil en el carril más a la izquierda también decidió rebasar por la izquierda, sin indicar con ninguna direccional, desde muy atrás y a más de 100km/h (el límite es de 80km/h).

Como llegó justo detrás de mi es obvio que yo le “estorbaba” para que siguiera rompiendo todas las reglas de tránsito, comenzó a prender sus luces, me tocó el claxon y en cuanto yo terminé de rebasar y regresé al carril de la derecha, él, en lugar de continuar su camino, tuvo a bien cerrarme el paso y sacar su mano con una seña obscena.

Me imagino que eso lo hizo sentir bien… por poco tiempo. Después tuvo un “altercado” similar con otro auto más adelante.

2o Piso del Periférico de la Ciudad de México (Foto: El Universal)
2o Piso del Periférico de la Ciudad de México (Foto: Ariel Ojeda, El Universal)

En mi último post, tuve la fortuna de que stop psykk realizara un comentario y mencionara a la pediatra Cathérine Gueguen.

La Dra. Gueguen nos dice que el niño es incapaz de controlar sus emociones, no porque no sepa o porque no quiera, sino porque no puede. Es decir, no tiene la maquinaria cerebral adecuada para poder calmarse a sí mismo, en términos coloquiales, le estamos pidiendo peras al olmo.

Cuando un adulto tiene un cortex prefrontal que funciona correctamente, éste puede controlar sus emociones negativas para no agredir y ser víctima de sus impulsos. El niño, antes de los 7 años, no tiene un córtex prefrontal bien desarrollado.

Entonces, si el niño no tiene un adulo que lo calme, lo reconforte y que entienda sus emociones, vivirá cada una de ellas a su máxima expresión. El miedo, la angustia, la ansiedad, etc, lo vivirá como la peor de sus pesadillas. Porque no puede calmarse solo. No podemos hacerlo que “razone”.

Más aún, si esto es repetitivo y cada que siente una emoción negativa no hay nadie que lo ayude a calmarse, cuando es víctima de humillaciones o castigos y se le abandona afectivamente para que “se calme solo”, “para que entienda”, el niño se desconectará de sus emociones para no sufrir. Esto segrega moléculas de estrés que entorpecen el desarrollo de su cerebro, justamente, la parte que le ayuda a autoregularse. El niño crece sin poder conocerse a sí mismo y cada que tenga una emoción negativa tendrá, obligatoriamente que agredir, huir o petrificarse.

Las publicaciones de la Dra. Gueguen me ha llevado a descubrir un mundo desconocido hasta ahora para mi. Un mundo muy vasto y poco conocido en México y que me gustaría compartirles en mis siguientes publicaciones.

Estos temas fascinantes no los puedo abarcar en un post ni en 10. Además, la semana pasada no pude publicar nada por el día del padre.

Hay mucho que leer para poderles compartir. Sobre todo, cómo las publicaciones de la Dra. Gueguen se relacionan con otras investigaciones y con la Kabbalah. Como por ejemplo, las sustancias de la felicidad y cómo podemos ayudar al niño a obtenerlas naturalmente, la comunicación no-violenta y su papel en la educación, las herramientas que tenemos como padres y cómo disciplinar a los niños sin humillarlos o castigarlos y sobre todo, de nuestros esfuerzos por ponerlo en práctica.

Hagamos eco en México y apoyémonos para poder poner lo en práctica en nuestro núcleo familiar.

Los dejo con un pequeño video de la Dra. Gueguen, en donde presenta su libro “Por una infancia feliz” con una transcripción de la entrevista.

Me gustaría mucho recibir sus comentarios y sugerencias, porque mi estado actual de ignorancia me deja con más preguntas que respuestas.

Escribí este libro, ¿porqué?, porque estos últimos diez años ha habido una gran cantidad de descubrimientos sobre el cerebro afectivo del niño.

Sobre todo, ¿qué?, pues bien, todo lo que el niño va a vivir en el plano de sus encuentros, de sus relaciones sociales y afectivas, va a tener una influencia necesariamente directa sobre su cerebro. Ello va a modificar su cerebro en profundidad a nivel de sus moléculas cerebrales, circuitos cerebrales de estructuras cerebrales e incluso a nivel de la expresión de ciertos genes.

Entonces, todo lo que el niño vivirá va modificarlo a él, y el niño tiene la particularidad ¿de qué?, de tener un cerebro muy frágil, muy vulnerable y muy maleable y esto, aún más cuando el niño es muy pequeño.

Entonces, cuando los adultos alrededor del niño van a ser afectuosos, protectores, empáticos, su cerebro va a desarrollarse de manera formidable, maravillosa, es decir, va a desarrollarse bien globalmente, o sea, tanto a nivel cognitivo, esto es, todo lo que es aprendizaje, memoria, pensamientos, cognitivo-afectivo, es decir, todas nuestras facultades emocionales nuestras emociones, nuestros sentimientos y nuestras capacidades relacionales.

Por el contrario, cuando los adultos no serán empáticos o afectuosos con los niños eso va a impedir, alterar el desarrollo cerebral de su cerebro con repercusiones extremadamente importantes. Esto quiere decir que actualmente sabemos que las humillaciones, ya sea físicas o verbales van a entorpecer el buen desarrollo del cerebro del niño, con problemas de comportamiento, agresividad, ansiedad, depresión y también problemas cognitivos, es decir, problemas en el aprendizaje, con la memoria, la reflexión, el pensamiento.

Entonces, todos estos descubrimientos nos muestran la importancia de la primera infancia y del rol de los adultos con respecto del niño, es decir que hay que hacer todo lo posible para que la educación sea lo más empática, afectuosa, protectora con los niños.

Sabemos igualmente que el estrés es extremadamente nocivo para un cerebro vulnerable y que el estrés, tanto en el embarazo como en los 2, 3 primeros años de la vida, va a destruir neuronas, ahora lo sabemos, en estructuras cerebrales extremadamente importantes.

Evidentemente no hablo del estrés ligero ocasional, sino del estrés repetitivo, es decir, que cada vez que humillamos en permanencia a un niño, y es muy fácil humillarlo diciéndole “eres insoportable”, “eres infernal”, “no vas a llegar nunca a nada”, bien, pues eso, impide madurar al cerebro. Entonces, mi libro es para compartir estos conocimientos y por tomar lo más posible una educación que sea, empática, afectuosa y protectora con respecto al niño.

Foto Niña triste en Shutterstock
Los niños no pueden calmarse solos
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